22 / 12 / 2016

Anton Arriola, "El negro y la gata": El peso de la levedad-Todo Literatura

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Si lo que en verdad amamos no pesa y no se puede tocar, porque sólo se encuentra en nuestros más profundos anhelos, qué importancia tiene todo aquello que en verdad no nos deja ser libres por mucho que se cotice al alza en la vida real. Esa búsqueda de la otra vida, ésa que tanto añoramos y que apenas calmamos en la mayoría de nuestros sueños, es la que transita por El negro y la gata, la historia de unos personajes que, de una u otra forma, son el vivo ejemplo del desarraigo existencial que anida en nuestra sociedad, y que además, representan el dibujo de unas vidas que van a contracorriente, y no por ello, son insustanciales. Siempre nos recalcan que el retrato del perdedor es el que mejor encaja en la literatura, y en esta novela hay unos cuantos que, por una u otra razón, se encuentran en ese abismo que acoge a los inadaptados, pues no hay nada más absurdo que buscar el verdadero valor de la vida más allá de lo evidente, lo material, la necesidad del cuerpo, el deber ser o la razón. En este sentido, Camus nos planteaba en su filosofía del absurdo que nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos, y ahí incide Anton Arriola, y lo hace en un ejercicio de rebeldía contra todo lo impuesto, pues indaga en las grietas del alma de su protagonista, el párroco Azurmendi, un cura que ha perdido la fe, pero que no por ello deja de pensar en el gran valor que su labor tiene entre sus feligreses. Sin embargo, esta crisis de fe no es el tema principal de esta obra que, en clave de novela negra o de misterio, nos proporciona la posibilidad de alejarnos del mero entretenimiento para acercarnos a un tipo de ficción que busca plantearnos aquellos interrogantes que de una u otra forma nos asaltan a lo largo de nuestras vidas. En este sentido, el autor nos propone desde el principio el valor y la incertidumbre acerca de dos conceptos: el peso y la levedad. Y ya en la cita de Milan Kundera, que abre la novela, uno y otro en cierto modo quedan acotados, para a partir de ahí, ser desarrollarlos por el autor a lo largo de trescientas páginas en las que se dan cita: el amor y el odio, la amistad y el amor, la religión y el vudú, en una suerte de narración que, aparte de misterio, busca el sosiego de la conversación y el discernimiento de unas ideas a las que, por ejemplo, el padre Azurmendi y su amigo Kundera, se someten el uno al otro.